En 1967 la revista Cosmopolitan publicó «Hace 20 años una chica podía ser secretaría, maestra, quizás bibliotecaria o enfermera».
Si era ambiciosa podía competir con hombres, a menudo, trabajando más por menos dinero. Con la llegada de los ordenadores un nuevo trabajo surgió para las mujeres: Programar. Llegando incluso a dominar el inicio del software. Para los hombres el dominio fue el hardware, construir los ordenadores era más sexi y gratificante. La programación o software es un punto intermedio entre las actividades que desarrollan los ingenieros y las secretarias.
La señora Grace Hopper, una de las pioneras que ayudó a crear el primer ordenador programable, el ENIAC, decía que programar es «como preparar una cena». Hay que planificar los detalles con paciencia. «Las mujeres están hechas para programar».
En 1984 un 37% de los estudiantes de informática en Estados Unidos eran mujeres. A partir de ahí, comenzó a descender. En el 2012, el porcentaje se redujo al 17%, pero se ubicaron en otras carreras. Las mujeres aumentaron su participación del 10% al 50% en medicina y derecho.
¿Qué ocurrió para que las mujeres desaparecieran de la programación?
Tres cosas.
Uno. El software era más importante y las empresas comenzaron a nombrar a directivos con esa formación. Una cosa era introducir programadoras y otra era hacerlas directivas.
Dos. La llegada de los ordenadores personales estaba al alcance de los adolescentes. Los padres solían regalar el aparato al joven o al niño.
Tres. La valoración del dinero. Cuando un sector está mejor pagado y es más importante, los hombres que lo habían despreciado se apresuran a entrar, dando origen a empresas generadoras de Software (Silicon Valley).
Basado en la publicación Diario El País, 13 de septiembre de 2019. Jordi Pérez Colome, Madrid.

